Voy a tener que comprarme unas katiuskas.
Me jode un poco, porque se han vuelto a poner de moda, y seguro que se pagan a doblón ahora que las lleva todo el mundo, pero me apetece volver a meterme en los charcos y pisar el suelo empapado sin tener que mojarme los calcetines.
Hace ocho días que llueve sin parar. Sin parar. Y el mar anda cabreado. El horizonte ha dejado de ser plano porque las olas de lontananza no le dejan en paz.
Y las tormentas nos atormentan. Nos electrizan las cabezas. Y los cuerpos.
Pero coño, no me digas que no es bonito el otoño!
Pero coño, no me digas que no es bonito el otoño!


